Fe renovada de preliminarista,
púgil inerme que suda a chorros,
estampitas ajadas y amontonadas,
arrumbadas figuritas de San Loquequieras,
patronos laureados, laureles pétreos,
sombras,
hombres santos, casi santos, algo paganos,
mujeres que no figuran,
hembras del texto sagrado
que sólo son putas o santas
[ver si hay diferencias],
hembras y ubres que dan un origen al mundo.
Otra que Rómulo y Remo.
Mujeres lobo, lobo hembra, ubre cánida
y el preliminarista que ni idea.
Reza. Dice, a media voz, a lo Horacio Ferrer,
oraciones que de bien peque le había enseñado mamá.
Alguna comienza con Padre nuestro.
Alguna otra se mezcla con aquélla
y pará de contar
porque los recursos mnemotécnicos del preliminarista
hacen agua en el agua de la lona.
Acezado de golpes,
acezante de esquirlas de sangre y párpados cortados,
peleador que sólo recuerda dos versos del Martín Fierro,
de estrofas distintas,
de sextillas incompatibles
y que de seguro no sabe qué significan.
Púgil con guantes prestados,
con pantaloncillos robados,
con amores jamás correspondidos,
con sólo una madre que está allí sentada,
en las gradas sucias, estropeadas,
estereotipada condición de recibidor de golpes.
La nariz ancha que no huele.
Las manos brutas que no saben,
con la delicadeza exigida,
levantar las formas enhiestas
de una pollera efervescente
o hacer descender de súbito
mas sin maltratar a la pollera,
una ropa interior del color que usted guste
y que huele a palabras y a mano dulce.
Pero tiene el preliminarista
cuatrocorazones y un as de espadas
y se levanta pues, con el gladio acartonado,
cada vez que lo arrojan al suelo.
Su puño encierra, atrevido,
la fuerza antigua de una idea
que desconoce.
L.N.

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