Entradas

Imagen
                 Entonces un poco como un juego y otro poco el abismo natural al que nos conduce la regla burguesa, asquerosa de un asco insensato y espurio, de un orden grandilocuente y ácido. Me propongo que el juego le gane a la regla, al estatuto solemne e introduzco con sonrisa pícara la palabra rinoceronte en el ámbito menos preciso y más acartonado y me río de las medias de aquella señora en extremo ofídica y recito versos de adverbios encadenados y que parecen no tener sentido pero en verdad sí, al final sí, la poesía chúcara y un principio de rebelión y un cielo que se vuelve océano para echarme una mano y continuar la ronda, un corro de anémonas ante la mirada soez de un grupo de deidades a contrapelo de la marcha, nada que hacer en contra de la marcha, la turba que va y que pide, que va y que grita y las deidades que se ensucian los pantalones y el pueblo ya libérrimo de ataduras de papel seca...
Imagen
Cinco centavos habilitan. Una moneda casi dracma casi óbolo que se derrite puesta al sol, en exposición a los rayos de un dios cualquiera -usted sabrá elegir, de serle posible-. El guardián cual centinela ofrece el sueño inefable de la literatura que no puede ser escrita y toma en prenda un tajo del alma. Ah, pero hay que tenerla, disponer de una. Y de un sueño. Siempre perseguidos por el tigre, los sueños. Siempre amenazados por Asterión, rey de los pasillos matemáticos, místicos pero sentimentales pero desiguales porque una vez que usted ha ingresado, gozosamente, las paredes se achican o agigantan, los derroteros se enrebuscan, se enrabiscan, los recodos son imposibles, como la sintaxis añorada a la que no se llega jamás. Y yo, un servidor sin ninguna intención de servilismo y con las debidas cuotas de cinismo ya dejadas en el camino, ya pisoteadas, estropeadas como un dracma hachado que ha perdido su valor completo de colección. Cinco centavos habilitan el sueño. Cin...
Imagen
La inmensidad del tiempo. La intensidad de un momento. Lo encierro todo en una palabra. El pedestal de la naturaleza, la ironía de la tristeza abisal. Este volcán que toco con el dedo soy yo mismo. La densidad de una cigarra en celo. Este cigarro que fumo y dibuja caprichos en el aire vasto. La mujer que amo se ha dormido apenas después de un encuentro tectónico; la escupí de lava: su piel, intacta, se ve calcinada pero se ha dormido. Es una mujer que a cuentagotas si se permite volverse salvaje. Un árbol de tilo, el calor agobiante y la buena falta que me hacen una copa de vino y una pluma para poder escribir estos versos que en vano pretendo memorizar. La noche de las noches, el ánima y las sinrazones, un escorpión de telúrico significado, un sintagma amante de colmillos interesados, el primer suspiro tras la fundación de Roma, una gema distante, libros en pila como torre de Pisa. Nada alrededor, lo deshago todo...
Imagen
Un corazón excéntrico, fuera de sí. Una voz sin voz que vomita, escatológica, la verdad del hambre. Unos ojos que son los míos, son unos ojos de ausencia, también sin voz, también sin vos. Una paloma y una alondra -no he visto una alondra en mi vida. Pero la invento, la nombro y la creo, le doy su voz, la hago volar. Que vuele no más si así lo quiero, si así lo nombro-. Volar quise contigo; tan alto y tan lejos si me hubieras dejado llevarte. Pero tu miedo. Pero tu voz sin voz. Mis botas prestas para echar a andar. Le escupo a tu cielo ciego de tan negro, brusquedad de estrellas sin brillo, tu prole y tus vísceras y tu simiente inocua. Y yo sin whiskey porque demasiado whiskey haciendo como que vivo empujado por un viento de los antiguos, una fuerza que es de barro, un furor infrarrojo y una letanía de piedras santas. Yo que me he quedado sin vuelo, yo que fumo y me estoy, simplemente, despojado de toda virtud, ...
Imagen
Hay un muerto en Tierradentro. ¿De quién es el cadáver, de quién esa osamenta maquillada con sueños y esperanzas vanas que provienen de los mercaderes de lágrimas? ¿Quién se hará cargo del delito terrible, quién de las esquelas y de las flores que huelen a muerte? Los perros callan por algo así como respeto, los poetas sucios de palabras y mermelada componen un réquiem, los comerciantes aceitosos, aceitados confabulan durante el gran convite la noche del funeral. Pero ¿de qué funeral hablamos? El cadáver aguarda estaqueado cual un modelo aficionado. Las aves conforman una corona sobre la testa del difunto canalla. ¿Y si no es un canalla? ¿Y si no lo ha sido jamás? Respondan a mi pregunta los dueños del pueblo. Tierradentro es un lugar macabro. Nadie ha de responder a las atrocidades nocturnas. Se completa el sueño de una ninfa desprotegida y se encaminan los negocios de una madama despreocupada. Todo es ilegal en Tierradentro. Todo se confunde como las máximas del Tártaro. Tod...
Imagen
No tengo alternativa. Es el agujero. Es el vacío. Es la incógnita detrás de lo unánime. Lo desconocido. Abanicarse contra el calor cualquier tarde de enero con los cigarrillos contados y un sinsabor de colores oscuros y la certeza siempre de un mañana sin vos. Tan lejana te me quedaste, a mitad de camino, ni me dejaste arrancar, no permitiste que te llevara de la mano, tus botas sin suela y mis ganas que hicieron agua y me acomodo a la idea fatal de que no me has querido y como llevo prendida la melancolía de un hombre de puerto y de la palabra me vuelvo trágico, inevitable, ineludible vaivén y viceversa del columpio de un sino sucio, con olor a muerte y todo, y una dejadez que no me permite evadirme pero a la vez una entereza de haberte dicho que te quedé grande, demasiado grande y vos que vomitaste sobre mi poesía y sobre las cosas que nos erizaron la piel alguna vez. Tu boca una boca mentirosa, tus ojos ladinos y tu alma que fue sombra de un alma se propuso un vals que no qu...
Imagen
                               ¿De dónde llovió el acero? ¿Qué es esta densidad manifiesta instalada en el aire díscolo? Laceración del infinito en porciones, degeneración del oxígeno benevolente, envolvente de alubias y de alondras, petrificadas, putrefactas púnicas infames, la elocuencia de un orador Demóstenes con guijarros en la boca que le grita al mar total, impávido, una textualidad del cuerpo roto, una designación estatuida en bocados que gangrenan anhelos libertarios, una pasión de besarte los pechos como si un niño degenerado, como si un gamo que rompe la llanura que deja atrás y cada vez más atrás, atentos los ojos del centinela que es siempre centinela de los otros, a bajo costo, ennegrecido el socavón de tanto insultar a la tierra y llantos que llora la diosa inaccesible. Una lluvia de soledades y un sitio escondido y sórdido donde permitir que la poe...
Imagen
Aplastación elástica emplasto de solución nitrósica pero libérrimo. Grillete en el tobillo una lanza en el costado pobre Longinos su réquiem literario; yo no lloro lloros de lluvia pero echo a andar desenfadado porque libérrimo. La poesía, Ella, que me salva de una muerte chúcara gimnástica venal. Se han muerto las rosas nenúfares mariposas la luna y la estrella el hilo de plata la cadena de sintagmas de mi discurso la llave de barro la atención desmedida el amor en esquirlas la prioridad en tu vida. Todo pesa sobre tu alma súcuba te culpo te beso fuerte pero te culpo a vos el albatros de Coleridge que me devora. L.N.
Imagen
¿Qué hago con el hambre? ¿Qué hago con el hambre y los dolores de una panza vacía? Han de querer vaciarme el alma también. Pero resulta, compadre, que la Poesía. Pregunto qué hago con el hambre, con los que mueren de frío, con los que lloran de miedo. Un vacío sideral oscuro, lúgubre de andar pateando la calle. Si hasta le miento a mi hijo, si hasta le digo, varado en el abismo, que está bien, que ya he comido, que le entre tranquilo a su plato, plato de colores que son cada vez menos. Barro en las patas, polvo en los bolsillos, se deja de pitar a la fuerza. Se duda. Es una duda horrible, mefistofélica, famélica de dientes flojos, como un irse cayendo sin saber cuándo se llega. Los brazos casi sin fuerza. La mirada perdida, estoica por andar buscando la palabra, una palabra de final de soneto, pero perdida. Asmático resonar de cansinas pisadas, huellas de fantasma indignado, sorpresa avara de desayuno con mate, con yerba ...
Imagen
Fe renovada de preliminarista, púgil inerme que suda a chorros, estampitas ajadas y amontonadas, arrumbadas figuritas de San Loquequieras, patronos laureados, laureles pétreos, sombras, hombres santos, casi santos, algo paganos, mujeres que no figuran, hembras del texto sagrado que sólo son putas o santas [ver si hay diferencias], hembras y ubres que dan un origen al mundo. Otra que Rómulo y Remo. Mujeres lobo, lobo hembra, ubre cánida y el preliminarista que ni idea. Fárrago incandescente que le sube de la tr ipa. Reza. Dice, a media voz, a lo Horacio Ferrer, oraciones que de bien peque le había enseñado mamá. Alguna comienza con Padre nuestro . Alguna otra se mezcla con aquélla y pará de contar porque los recursos mnemotécnicos del preliminarista hacen agua en el agua de la lona. Acezado de golpes, acezante de esquirlas de sangre y párpados cortados, peleador que sólo recuerda dos versos del Martín Fierro , de estrofas distin...
Imagen
Deseo (sustantivo): desesperación por el cuerpo y el alma del otro. Por lo general implica una fiesta de besos. Real Academia del choripán de parado El deseo y da lo mismo si el cuerpo del otro es un escultura del Renacimiento, una Venus sin brazos o un puro manojo de piernas o una explosión de senos o aun un único seno o quizás una vulva que succiona con todo y tentáculos, como pulpo, y el cuerpo del otro cubierto a veces de vello o de sal, el deseo que no puede parar ni ser sosegado ni adornado ni sobornado, se abalanza y los cuerpos se entrechocan, se pelean con dulzura y las manos como garras mientras las lenguas se endiablan, usted comprende, sucias, la lluvia de fuera y unos dientes, de cada quien, que muerden. L.N.
Imagen
Miedo (sustantivo): sensación de desesperación y de una desazón total ante lo inminente y desconocido con la certeza absoluta de que sobreviene un daño profundo y unánime y unas ganas terribles de que el episodio ocurra cuanto antes, ya mismo, y a otra cosa mariposa aunque nos cueste la vida a través de -por ejemplo- el paro cardíaco. Real Academia del choripán de parado El miedo como una autoprovocación, un abismo, la sombra de la sombra, el bosque negro de la noche más ubicua, el murmullo constante y húmedo detrás de la oreja, el vómito de terror y la parálisis, un estornudo bocasucia , una esquirla de lo que sobra después de hacer el amor, los ojos sin ojos, la boca que chorrea, las greñas como de siglos, el estrépito silencioso de lo que está por verse, súbitamente, y jamás llega, porque el miedo a la sombra es la sombra del miedo y los dientes castañetean y uno se pone sin quererlo a tiritar como de frío pero no, oiga, que no es frío, es miedo. L.N.
Imagen
                 Lo que viene es negro. Pero más negro de lo que pensamos negro. Un negro de abismo negro, un cuervo, un cielo que se ve de noche, chapolas negras, la pantera, mi compañera enfundada en sus botas negras, en pantalón negro de cuero negro, la duda absoluta, el desdén de los fariseos, la locura negra de los demonios del norte nuestro, lo negro más negro del gótico, una torre negra, la profundidad total, el antigal revuelto de huesos, la energía sideral y oscura, el horizonte sin frenos y la luz mala en la agónica pampa, la sangre que chorrea un puñal resuelto, noche tótem, el aniversario del mal, la desesperación cargada de extrema negrura, negruzco el hálito y negrero el jefe, la inimitable antigravedad, el pulpo, sus tentáculos ofídicos, la sombra, el dolor, la soledad. La soledad. Y mi madre que me falta. Negro. L.N.