Entonces un poco como un juego y otro poco el abismo natural al que nos conduce la regla burguesa, asquerosa de un asco insensato y espurio, de un orden grandilocuente y ácido. Me propongo que el juego le gane a la regla, al estatuto solemne e introduzco con sonrisa pícara la palabra rinoceronte en el ámbito menos preciso y más acartonado y me río de las medias de aquella señora en extremo ofídica y recito versos de adverbios encadenados y que parecen no tener sentido pero en verdad sí, al final sí, la poesía chúcara y un principio de rebelión y un cielo que se vuelve océano para echarme una mano y continuar la ronda, un corro de anémonas ante la mirada soez de un grupo de deidades a contrapelo de la marcha, nada que hacer en contra de la marcha, la turba que va y que pide, que va y que grita y las deidades que se ensucian los pantalones y el pueblo ya libérrimo de ataduras de papel seca...